La presentación del Informe 2009 de Amnistía Internacional ha coincidido con el lanzamiento público de la campaña, Exige Dignidad, que implica un nuevo reto para el movimiento.
Hace casi 50 años, Amnistía Internacional nació para pedir la liberación de los presos de conciencia. Hoy exigimos también dinidad para los presos de la pobreza.
Movilizaremos a la población mundial para abordar los abusos que conducen a la pobreza y la agravan, así como las situaciones de pobreza que generan violaciones de derechos humanos.
El auge de la pobreza ha generado la negación de los derechos económicos y sociales. Pero no sólo eso, las personas que viven en la pobreza a menudo ven también vulnerados sus derechos políticos y civiles.
En su lucha por atajar la crisis económica, los máximos responsables políticos y empresariales han relegado a un segundo plano los problemas relacionados con los derechos humanos.
La recesión va acompañada de mayor represión: se sofocan las protestas y se ataca a defensores de los derechos humanos y a periodistas, entre otros.
No se invierte seriamente en la resolución de los conflictos armados de larga duración o de la violencia extremista creciente.
Los gobiernos han seguido aplicando o consintiendo políticas abiertas o encubiertas de discriminación, marginación y exclusión, con la complicidad de agentes empresariales o particulares.
Se necesitan soluciones globales
La falta de comida, empleo, agua no contaminada, tierra y vivienda, junto con el aumento de la desigualdad y la inseguridad, la xenofobia y el racismo, la violencia y la represión, conforman una crisis mundial que requiere saluciones globales basadas en la cooperación internacional, los derechos humanos y el Estado de derecho.
Por desgracia, los gobiernos poderosos están volviendo la mirada hacia sí mismos, tratando de atajar exclusivamente poblemas económicos y financieros en sus propios países y haciendo caso omiso de la crisis mundial que los rodea. Si en algún momento se plantean emprender acciones de ámbito internacional, se limitan a la economía y a las finanzas, con lo que reproducen los errores del pasado.
Muchas voces expertas señalan que millones de personas han sido rescatadas de la pobreza gracias al crecimiento económico, pero son muchas más las que siguen en la misma situación. Los progresos han sido demasiado frágiles y el coste en derechos humanos, demasiado elevado.
Un nuevo liderazgo
El mundo necesita un liderazgo diferente, un modelo distinto de política y también de economía, algo que funcione para todas las personas, y no únicamente para unos pocos privilegiados. Necesitamos lideres que propicien en los Estados el cambio de los intereses propios nacionales y de la estrechez de miras a la colaboración multilateral, para que las soluciones sean intregradoras, completas, sostenibles y respetuosas con los derechos humanos.
Debe ponerse fín a las alianzas forjadas entre gobiernos y empresas con afán de enriquecerse a expensas de los sectores marginados. Deben desaparecer los pactos de conveniencia que eximen a gobiernos abusivos de la rendición de cuentas.
El G-20 debe abrazar los valores universales y enfrentarse a su propia y turbia trayectoria y a su doble moral en su relación con los derechos humanos. El gobierno estadounidense de Obama ha empezado con buen pie pero, aún le queda mucho por hacer, y tanto o más les queda por delante a China y otros países.
Para reactivar la economía mundial es indispensable buscar soluciones a los peores conflictos del mundo y a la amenaza creciente de la violencia extremista a través de un mayor respeto de los derechos humanos.
Objetivos
La campaña Exige Dignidad busca poner fín a las violaciones de derechos humanos que llevan a las personas a la pobreza y que las mantienen sumidas en ella.
Buscaremos avances en tres campos: la rendición de cuentas, tanto de gobiernos como de empresas y organismos internacionales; el acceso igualitarios a los derechos, los servicios y la justicia; y la participación activa de las personas que viven en la pobreza. Contaremos con una herramienta esencial, el derecho y las normas internacionales de derechos humanos.
La mortalidad materna, los asentamientos precarios y las obligaciones de la empresas centrarán la primera etapa de esta campaña en la que llevaremos al centro del debate las vidas y las voces de los más desfavorecidos. Estmos seguros de contar con vuestro apoyo.