No soy imparcial
¿Es preciso ser imparcial para que la información o las opiniones que se publiquen en una página web personal, por ejemplo, esta cueva, o en cualquier otro sitio, sean verosímiles? Mi respuesta, obviamente, es que no, que no se necesita de la imparcialidad, y la ausencia de ésta no resta un ápice de credibilidad al contenido de la publicación.
Define la Real Academia Española el vocablo imparcialidad de la siguiente manera:
f. Falta de designio anticipado o de prevención en favor o en contra de alguien o algo, que permite juzgar o proceder con rectitud.
Es decir, mantener una opinión imparcial sobre los sucesos es atributo de un proceder recto que permite juzgar con más acierto.
Pues a riesgo de ser tachado de hereje y blasfemo, voy a colocar el atributo de imparcialidad en el reino de la mitología, junto a elfos, hadas y centauros. No conozco más imparcialidad que los pensamientos y acciones que toman partido en favor de la credibilidad al servicio de su proximidad con la Justicia, que no necesariamente con la ley.
Me gusta más la definición que de la imparcialidad se hace en WordReference.com:
f. Objetividad, carencia de prejuicios.
Aunque tampoco acaba de convencerme, puedo afirmar que la definición es más aséptica que en el caso anterior, y que no dota al vocablo de ninguna virtud especial, algo que sí hace la RAE, contraviniendo cualquier atisbo de imparcialidad, lo cual demuestra una vez más la perversión del lenguaje en manos de "expertos académicos".
Objetividad, carencia de prejuicios. ¿Conoces algún ser humano que en cualquiera de la facetas de su vida pueda mantener esas dos características en todo momento y para todos los casos? Yo no; es más, ni el dios de los católicos, idealizado summun de la virtud y el buenhacer, es capaz en ese fantástico libro de cuentos que es La Biblia de mantenerse objetivo y libre de prejuicios. Que le pregunten sino a los descendientes de los habitantes de Sodoma y Gomorra. ¡Uy!, perdón, solo los descendientes de Lot podrán dar testimonio.
Y sin embargo son numerosas las veces que se pide imparcialidad a los seres humanos, pequeños mortales poseedores de un diminuto cerebro que registra, desde el momento de su nacimiento, todo cuanto acontece a su alrededor, y, una vez llegado a la madurez, filtra con ese mismo cerebro cada suceso y cada información, usando sus vivencias y conocimientos como método de medida para lo justo y lo reprobable.
No, no es de la imparcialidad de lo que debe nutrirse la información ni la opinión. Para que Yavhé no sea el único denostado en este apunte, dejo algunos ejemplos más de instituciones con fama de imparciales y que, a mi entender, se han revelado como todo lo contrario.
Tienen consideración de imparcial:
Suiza: mientras en las cajas fuertes de sus instituciones financieras encuentra refugio el dinero procedente de los traficantes de drogas, armas y seres humanos, las riquezas de dictadores genocidas y el fruto de la rapiña de políticos corruptos y grandes especuladores.
La ONU: que cuenta con la adhesión de 192 estados y cinco de ellos mantienen derecho de veto.
El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial: cuyos préstamos al desarrollo a los países empobrecidos han sido siempre concedidos con el condicionante del desmantelamiento de los servicios públicos y sociales de cada uno de ellos.
El Vaticano: cuyo Jefe de Estado se mantiene pluriempleado adoctrinando sobre la existencia de un único dios verdadero, que te envía al infierno si follas con condón y tambien si abortas, consecuencia muchas veces de no haberte puesto un condón cuando estabas follando.
La Wikipedia en español, que mantiene bloqueada por falta de verosimilitud la página de Rebelión.org mientras continúa publicando pasajes de La Biblia.
Los Premios Nobel, especialmente el de La Paz, concedido en varias ocasiones a genocidas con buena prensa, caso de Kissinger, Jimmy Carter, Theodore Roosevelt... y, más recientemente, Obama.
En fín, si quieres, añade tú en los comentarios más imparciales, y así alguien entenderá que no, que no soy imparcial.
Ni quiero serlo.
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Mira lo que tengo yo puesto en mi blog como frase de cabecera:
"Sólo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no nos interesan; sin duda por eso mismo las opiniones imparciales carecen siempre de valor" Oscar Wilde.
Si cuando opinamos aplicamos los mismos criterios para unos y para otros, seremos honrados, y creo q a nadie se le puede pedir mas. Saludos. :))
La monarquía española es el claro ejemplo de imparcialidad política (lo de decirle a Basagoiti que apoyara a Patxi para echar de una vez a los nacionalistas fue un lapsus; y lo de no jurar la contitución porque ya había jurado los principios del movimiento, otro; y lo de no permitir que se hable mal de Franco en su presencia, otro; y lo de...).
El defensor del pueblo es la imparcialidad personificada.
La justicia del reino no puede ser más imparcial porque desbordaría la definición misma de la palabra.
Y que conste que ni siquiera deseo que sean imparciales. Con que fuesen honestos me conformaba.
Mi parcialísima opinión es que la frase de Wilde es un poco excesiva... como él mismo. Sí hay opiniones imparciales interesantes. Y demasiadas parciales que carecen de cualquier interés.
Estoy con Helua: el principio fundamental es la honradez al expresarse.
Un post muy bueno. Mis felicitaciones.
PD: Lo suscribo completamente.
Hola Mikel, sé bienvenido a esta cueva. Considero que la imparcialidad es un imposible, un adjetivo que se arrogan muchos para tratar de esconder su parcialidad más descarada. Reafirmo mi derecho a ser parcial. Lo contrario sería mentir.
Hola Helua, totalmente de acuerdo. La honestidad es el atributo decisivo que marca la diferencia entre el opinante o informador auténtico y el manipulador y trapacero. Bastante difícil es mantener la honestidad, no pidamos además que sea con imparcialidad.
Gracias Anna, con los nombres van saliendo de la lista de imparciales ¡como para querer formar parte!. Al poco de terminar el apunte recordé la imparcialidad del Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, pero decidí no actualizar para dejar carne para los comentarios. Eres una crack.
Hola Javi V, bienvenido a este rincón. Comparto opinión, es mucho más importante la honestidad a la hora de transmitir un mensaje que la supuesta imparcialidad, atributo imposible de lograr siquiera para máquinas.
Gracias, Reven. Me gusta leer que hay personas que les parece "bueno" algo de lo que aparece por aquí porque, con el esfuerzo que me supone hilvanar dos ideas seguidas, esos piropos me suenan a música celestial. Un abrazo, tío.
No creo en la imparcialidad, si no, no tendriamos pensamientos propios, (tu tato) que veo que hay otro Mikel por aqui, un saludo tocayo
Bueno, yo propondría: objetividad en el análisis, y toma de posición en las conclusiones.
Por ejemplo: ¿Es Raxoi un político inteligente? Pues con objetividad analizamos la información disponible, sus dichos y sus andanzas y, ante las evidencias consultadas, podemos concluir que Raxoi es una marioneta impresentable.
Es un ejemplo, vaya! ;)
Pero vamos a ver. Esto no es los que son imparciales, sino los que se creen imparciales. Vamos sólo había que ver el anuncio de Libertad Digital TV de la TDT dónde se autodenominaban imparciales.
Muaaaaaks
El ser humano no puede ser imparcial por algo tan simple como la ideología que, aunque haya una hegemónica, dominante y diría que aplastante, afortunadamente, y este blog es una prueba de ello, las ideologías no han muerto.
Salud.
Hola Mendiño, sí, es un buen ejemplo, je je je, pero tengo mis dudas ante mi capacidad de mantenerme siempre objetivo sin prejuzgar el caso a analizar. Me resulta muy difícil desmarcarme de conocimientos y vivencias para no anteponer el filtro de lo aceptable o lo reprobable a través de ellas. En el apunte anterior, cuyos comentarios me han inspirado este, conocer la historia del uso militar del ejército estadounidense no me permite aceptar que su estancia en Haití esté motivada por humanismo, y veo una agresión donde otros ven ayuda y cooperación: ¿qué hacen cerca de veinte mil soldados en un país al que la administración USA ha maltratado sistemáticamente a golpe de fusil y sanción? Si ese mismo ejército fué incapaz de ponerse al servicio de sus compatriotas damnificados por el huracán Katrina, ¿qué narices pintan en Haití? Y, sin embargo, soy incapaz de aportar una prueba o argumento definitivo para demostrar que únicamente buscan el control y sometimiento de la isla. Es decir, no soy objetivo porque mis conocimientos me impiden ser objetivo con el caso. Pero, tal vez, y sólo ta vez, me puedo equivocar. Cosa que dudo mucho en el ejemplo que he expuesto.
Hola Nynaeve; sí, lo sé, he hecho un poquito de trampa al poner como ejemplo de imparcialidad a quien está más que desmostrado que no lo es, y sin embargo mantienen en su curriculum esa especie de virtud. El caso de Suiza es de traca, y el del rey, para la mayoría de los habitantes del reino de España, también.
Hola Grândola, no, claro que no han muerto, igual que la historia no ha llegado a su fín y otras majaderías que el pensamiento dominante quiere hacernos creer. Nos mantenemos en pie una pequeña aldea de incoformistas irreductibles, dispersos en lo físico y muchas veces alejados ideológicamente por lo trivial, pero aún con disposición de plantar cara anque sea metiendo palillos en las grietas y regando con agua ;-)
Salud
Depende un poco del sentido que le demos a la palabra "imparcial". Ahora bien, si "imparcial" significa "no tomar partido", es totalmente absurdo pedir que una opinión sea imparcial (u objetiva), que para algo es una opinión.
Las opiniones, eso sí, deben estar argumentadas y fundadas, y deben basarse en hechos veraces (que no "verdaderos", un hecho "veraz" -como se entiende cuando se habla de la libertad a informar- puede descubrirse, a posteriori, como "falso" pero por ello no pierde la veracidad que tuvo en su momento, ahora bien, obliga a revisar la opinión, claro).
Muchas veces el epíteto de "no eres imparcial" se usa para descalificar una opinión a la que no se quiere entrar en el fondo, a la par que, quien la pronuncia, se pone moralmente sobre ti (él sí se considera imparcial).
Ahora bien, si imparcial es quien no está parcializado por intereses distintos a los que la situación obliga (por ejemplo, un informe pro-gasolina pagado por una petrolera), siempre hay que ser imparciales, claro. Fuera de ese (limitado) supuesto, siempre espero que quien opine no sea tan idiota de llamarse a sí mismo imparcial.
Hasta luego ;)
Mikel, tato, ¡katxisporreta!, que te he dejado sin contestar. Hace poco me ocurrió lo mismo con Mendi en otro apunte y te prometo que ayer no bebí nada más que agua. ¿Ves lo que ocurre cuando se cambia tanto de apodo en poco tiempo? Con lo bonito y facilmente identificable que eras cuando firmabas como miguelito. ¡No debe existir ni un solo miguelito más en toda la internet! ¡Que vuelva miguelito, que vuelva miguelito...! ;-)
Muy correcta la apreciación, Jomra. Si opino, soy subjetivo, ergo ¿cómo pedir imparcialidad en la opinión? Y, sin embargo, ¡se pide! y, es más, parece que se quiere dotar de un aúrea totalmente inexistente, por falaz, a la calidad de imparcial. Una locura, vamos.
Solo por darte el gustazo lo pondre otra vez, pero solo aqui en los demas sitios firmo igual que antes, musutxus a mis sobris.
Bueno, yo creo que cuando a veces tachamos a, por ejemplo un periodista, de imparcial o poco objetivo, queremos decir sinvergüenza. Porque, de una manera u otra, lo que captamos no es que como ser humano esté tomando cierta posición, a la que llega por razonamientos y vivencias, sino que de antemano y en base a intereses explica las cosas intencionadamente distorsionadas para conseguir un fin, como la desinformación, la crispación, etc.
Quizá muchas veces no sepamos explicar cómo captamos eso, y quizá muchas veces nos equivoquemos, pero es que notamos como una especie de tufillo...
Wenmusic, creo que te refieres a tachar a un informante de parcial y subjetivo ;-) Con el resto estoy de acuerdo, las vivencias, conocimientos e instinto creo que nos ponen en alerta sobre determinadas formas de opinar o dar una información. Los reflejos hacen que nos retrotraigamos ante determinadas afirmaciones, por muy fundadas que pretendan estar. Un ejemplo de ello es la invasión de Iraq, cuando la inmensa mayoría de los medios daban como buena las afirmaciones sobre la existencia de armas de destrucción masiva que ponían en serio peligro la misma existencia de la civilización occidental, y, sin embargo, fueron millones las personas que se manifestaron alrededor del mundo rechazando tal hipótesis. Era mentira, lo sabíamos y, sin embargo, no dejaban de bombardearnos con pruebas concluyentes. Incluso Colin Powell tuvo la desfachatez de presentarse en Naciones Unidas con las supuestas fotografías de las armas. Al final, cuando se demostró fehacientemente que tales armas no existían, ya era demasiado tarde para cientos de miles de iraquies asesinados. El instinto para olfatear la verdad estaba de nuestro lado. Otra vez.